





Lápida procedente del antiguo convento de los predicadores, propiedad de los Altarriba, una familia de abogados y notarios de la primera mitad del siglo XIV.
Esta pieza fue localizada en las obras de construcción de la estación de autobuses de la ciudad, un solar conocido durante mucho tiempo como el “campo de las tumbas”, ya que en el año 1273 se alzó allí el convento de los Predicadores, fuera del recinto amurallado. Este convento de la orden de los dominicos fue derribado en el año 1364 porque eran tiempos de guerra y, “si los enemigos lo ocupaban, podía servir de fortificación hostil a las puertas de la muralla”. Como compensación, los dominicos se instalaron en la antigua iglesia románica de Sant Miquel, que se transformó en un nuevo convento. (1)
